Simpática película que supuso una de las últimas apariciones de Burt Lancaster en la pantalla; aunque su aportación es reducida nos deja un personaje entrañable y extravagante hombre de negocios que ya ha vivido lo sufiente como para saber apreciar los pequeños placeres. El nombre de la pelícual es tan desafortunado como lo era Jo que noche (nada que ver con el título en inglés).
Una empresa petrolifera amerciana dirigida por Burt Lancaster envía a uno de sus negociadores a un pueblo costero escocés (podría ser cualquier aldea de Galicia) para comprarlo e instalar una refinería, los habitantes están encantados ante la posibilidad de hacerse millonarios pero uno de ellos se resiste a vender.
El tacto con el que se trata a los personajes (incluido el marinero ruso que vuelve siempre a ver a sus amigos) , la recreación del lugar junto con unos dialogos sencillos y humanos, el toque ecologista y una historia amable la convierten en un plato a degustar y disfrutar.
El pueblo es entrañable y la fotografía excelente, sin embargo la conocida banda sonora de Mark Knopfler acaba por transportarte a un mundo donde la vida es sencilla y el mar y la tierra otro personaje más.
Y es que, no es necesario un guión rebuscado ni unos efectos especiales espectaculares para conseguir hacer una buena película, basta con un poco de sensibilidad y conseguir que el espectador se involucre. Yo por mi parte y desde que la vi, siento ganas de vivir en un pueblo así.

Lo mejor: La banda sonora y el escenario
Lo peor: Que cuando acaba te deja ese regusto en el estomago de querer ver más

Más películas de Burt Lancaster:

Forajidos (1946)
El halcón y la flecha (1950)
De aquí a la eternidad (1953)
Apache (1954)
Su majestad de los mares del sur (1954)
El gatopardo (1963)
Aeropuerto (1970)
Novecento (1976)
Un tipo genial (1983)
Campo de sueños (1989) Su última película